Haminatu ya está en El Aaiún
Tras 32 días en huelga de hambre, por fin Aminatu Haidar ya está en El Aaiún. Al final pudo regresar con un salvoconducto y parecer ser que la intermediación del presidente francé, Nicolas Sarkozy, fue clave para el desenlace.
Lo más importante es que ya está en su casa.
A partir de ahora hay que reflexionar sobre lo que ha sucedido. Este caso ha demostrado una vez más la debilidad de la política exterior española., tanto por aceptar la entrada de la activista sin la documentación necesaria como por las gestiones realizadas.
Es cierto que al final ha vuelto a su casa y no ha muerto en España, pero Marruecos se ha salido con la suya. Después de amenazar lon disminuir los controles sobre la inmigración irregular y el terrorismo, no tardaremos en enterarnos cuales han sido las contrapartidas económicas, sea como inversión directa en Marruecos o como el aumento en los cupos de frutas y hortalizas que MArruecos importa a la Unión Europea.
Hay que reconocer que el problema era peliagudo: Marruecos es el único tapón que hay entre el extremismo islámico y Europa. Estados Unidos no ha querido intervenir entre otras cosas porque, hoy por hoy, Marruecos parece un socio más importante -y seguramente más fiable- que España.
Por mucho ‘talante’ que tenga Obama, no deja de ser americano y los desplantes y gracietas de ZP siguen estando sobre su mesa. Por mucho que los Obama hayan recibido a Zapatero y a su pintoresca familia y que ahora seamos los primeros en decir que si cuando se nos piden más tropas para Afganistán, aún nos queda un largo periodo en el purgatorio de la política internacional.
Esperamos que la lucha de AMinatu no haya sido en balde y que no nos olvidemos del pueblos saharaui. No dudo de que España no va a pronunciarse claramente a favordel referendo de autodeterminación que aprobó la ONU ni va a presionar para que se realice. ZP ha demostrado ser una veleta en todos los temas que ha tocado -especialmente en política internacional y económica- pero hay que reconocerle su fidelidad a decir que si pero que no. En esto es más gallego que el mismísimo Mariano.